Listography

15.12.14

Otro papel roto, pero yo que sé, quizá este sea más útil...

No se si no escribir durante tanto tiempo me ha hundido aún más en mi miseria, o me ha salvado un poco de padecerla.
Quizá ni lo uno ni lo otro,
solo he reprimido el resquicio de ganas que me quedaba de hacerlo, al menos en papel.

Porque en mi cabeza siempre sigo escribiendo. Y esto me da una visión que no me dan otras cosas. Aún sigo buscando el primer rayo de luz cada mañana al levantarme para escribir como las cosas que hace un segundo eran azuladas, pasaban lentamente a hacerse brillantes, especialmente el lapicero, que parecía señalarse cada minuto.

Aún sigo viendo como, cuando abro la ventana, la brisa de viento acaricia todo, especialmente los pelos de mis pinceles, afortunados pues a estos no los abandono. Sería ya tan duro mi síndrome de abstinencia...

Os juro que cuando paseo por mi hogar, que soy yo cogida de tu mano, sigo utilizando mi pluma interna para describirlo con palabras que en papel adquieren un significado más terco del que debería, y por eso, guardo más y mejor en mi recuerdo, que es un libro tan largo que nunca nadie entenderá como para gastarme los cartuchos de tinta que son tesoro en mis cajones.

Pero ya está, escribir no es algo que se hace, es algo que se ve...y cuando alguien puede mirar a través de un espacio vacío, quizá ese segundo que da para escribir tantos folios, se vuelve insignificante. No porque no sea valioso, al contrario, es demasiado real, tan gigante, que no merece ser escrito. Porque no se le da pan sucio a un rey, porque en el mismo momento en el que me levanto a recoger el lápiz, hay cosas preciosas que están sucediendo y no las estoy mirando.

Porque cuando son vistas, se sienten importantes. Y cuando las guardas en tu ser, se vuelven infinitas, más útiles que miles de mis papeles rotos en cientos de papeleras de mi ciudad...




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