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16.8.13

Y qué sendero más oscuro ilumina la luna, casualmente el mismo hacia donde miran mis dos luces...

La noche estaba bastante sobria encima de mi mirada,
no había nada, salvo yo, que resonaba fuerte sobre el silencio.
Y solo observaba, la música que me ofrecían los astros...
Lo más raro es que no pasaba nada raro.
No había viento moviendo los olmos,
no habían pájaros, ni olas, ni siquiera había Luna.
Podrían haberse fundido todas las farolas de la calle, 
y yo seguiría impasible sobre ese roído tronco del árbol.
-
Pronto comenzaron a florecer las semillas de aquel gran campo que tenía a mi izquierda,
Las observaba y parecían jactarse de mi.
Y yo solo les sonreía, ingenuas, podría haberlas pisado a todas y cada una de ellas si hubiera querido.
Sin embargo, las arranqué y las guardé con mis líquidos.
Besadme las lágrimas, les susurraba, mientras caían como rocío en sus hojas.
Besadme el olvido, el recuerdo de ahora, y el del futuro, ¡Clavadme vuestras espinas, como si no fuera más que una estúpida doncella con ganas de sangrar!
Y ellas morían.
Se atrevieron a renacer en mi estómago a mi luz, tierra fértil de mortal herido.
Instauradas en el, me brotaron espinas en los ojos,
que resbalaban, clavandoseme en todas mis mareas.
-
Yo era esa noche sobria.
Me miré en el lago, y descubrí que me había convertido en Luna.
Los lobos me cantaban, y mi reflejo solo reía, nervioso.


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