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10.8.13

La vida se vende a cualquier marinero que esté dispuesto a darle los buenos días. Con sudor o sin el, la vida es puta.

Dicen que la vida es muy puta. 
Tienen razón. La he visto paseándose por mis sueños y llevaba los labios rojos,
se los mordía jugosamente, se los relamía y jugaba después a secarselos con la lengua.
Tenía una mirada intensa, y juro que tenía atrapados a hombres y mujeres en sus pestañas.
Vestía un largo vestido sangre, impecable, y la verdad es que arrancarselo habría sido agradable...
pero yo no me habría atrevido a tocar con mis manos endebles semejante cuerpo, tallado con una perfección asombrosa, unas piernas que podrían haber sido la perdición 
del camino de muchos hombres.
¡Maldita sea! Aquel asqueroso vestido se le ceñía a los pechos marcando levemente su falta de sujetador,
pero a la perfección su ombligo, su torso plano tan mordible...
Podría pasarme horas describiendo tan bella mujer, pero eso sería cavar mi propia tumba,
acabaría enamorandola y se quejaría cuando se le rompa una uña roja como sus labios al tener que trepar por mis sábanas.

Yo no quería hacerle el amor a aquella mujer, quería verla sufrir...¡Quería enterrarla bajo un montón de mierda y gritarle al oído que había podido resistir a sus absurdas indirectas!
Y tan puta era con su vestido rojo, que no pude hacerlo.
Me limité a mirarle el culo y a sonreir como una gilipollas, pensando en si llevaría bragas o no...
Se alejó hacia el bosque con un hombre de traje negro sonriente,
pobre iluso, aún no sabía que su amor sería tan efímero como estúpido.

Joder, la vida es tan puta, que te dan ganas de llorar cuando la ves paseándose por tus sueños.
Querer matarla y morirla, pero no poder hacerlo simplemente por amor a lo bello...
-
Juro que algún día, la veré otra vez, y lo primero que le susurraré al oído será que huya de mi, 
que se esconda en el primer burdel barato que encuentre, la haré sufrir, y cuando crea que se ha librado de mi,
 entraré en su habitación, 
me pintaré los labios con su carmín, 
y mientras la miro con odio, me alejaré lanzandole un beso casto que recordará cada noche, justo antes de morir de deseo.



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